Mtro. Julio Cesar Ruiz Colunga

 

Si hoy hiciéramos una pausa en nuestras actividades cotidianas y reflexionamos en el gran avance de las tecnologías de la información y la comunicación, de los avances de la ciencia médica, de la creación de diversas teorías clásicas y modernas prácticamente en todas las disciplinas de conocimiento pudiéramos pensar que todo está dicho o inventado.

Por otro lado, es posible considerar que todo ese desarrollo de nuevos conocimientos se traducen en un mejor capacidad para realizar cualquier tarea. Asimismo, los años o siglos de trabajo constante dentro del gobierno, también permite considerar la generación de mejores prácticas de trabajo ante la experiencia acumulada.

Sin embargo, constantemente ciertos representantes populares, nos sorprenden con ideas emanadas desde el poder público, las cuales, con un mero argumento de autoridad -algo así como: “porque lo digo yo”- regulan ciertas actividades sociales que, lejos de construir una sana convivencia entre las personas, imponen cargas u obligaciones, fuera de toda lógica y sentido común.

Tal es el caso de los artículos: 2, fracción VI;  26, fracción VIII y 27 del Reglamento para la Apertura y Funcionamiento de Molinos, Tortillerías y Molinos en el Municipio de Celaya, Gto. Que expone como obligación normativa a quien se dedica a elaboración de tortillas o presta el servicio de molino e impone respectivamente la sanción correspondiente:

“Artículo 2. Para los efectos del presente Reglamento, se entenderá por:

  1. Tortilla caliente: Producto que se expende en el inmueble donde fue elaborado;

Artículo 26. La imposición de multas administrativas, se aplicará a los infractores que después de haber sido amonestados, cometan alguna de las siguientes infracciones, de acuerdo a las sanciones que se establecen a continuación:

(…)

VIII. Expender tortilla caliente en lugar distinto al de su elaboración.”

De dicho artículo vigente surgen las siguiente interrogantes:

¿Las tortillas calientes solo se pueden vender en tortillerías?

¿Nadie puede distribuir tortilla caliente que no sea el lugar donde las elaboran?

¿Los miles de consumidores de tortilla que acudimos a la tiendita de abarrotes a comprar tortilla caliente, somos partícipes de una actividad ilícita?

¿Debemos sumar a las diversas actividades creadas del hombre, el tráfico de tortillas calientes?

Sin temor a equivocarse las preguntas anteriores no requieren de estudios previos o experiencia práctica para afirmar la incoherencia, ilógica o insensata medida de autoridad. Pues con independencia de la discutible facultad local para regular actividades de salud e higiene y comercio, se puede afirmar que esa idea se convirtió en una ideota, hecha norma. Y que aunque sea irracional o inconstitucional muestra una realidad actual de las formas ineficaces de gobernar, sobre una conducta o actividad aceptable o necesaria para la sociedad, pero restringida por una autoridad municipal.